sábado, 18 de junio de 2011

Discurso Graduación Bachillerato 2011

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Representa un verdadero honor para mí tomar la palabra en nombre de todos mis compañeros graduados en esta noche tan especial. Una noche que marca el fin de una importante etapa de nuestras vidas. En noches como ésta, tenemos sentimientos encontrados, una alegría enorme por haber conseguido una meta personal pero a la vez mucha expectativa de lo que ocurrirá de ahora en adelante.

Vertiginosamente, y como no nos hubiésemos dado cuenta, una época llega a su fin. No es fácil, según desde donde se mire, de hacer balance de casi 6 años de una vida. Como en todos los balances, siempre hay que hacer hueco para un apartado para los pros y los contras; los más y los menos: los beneficios y las pérdidas. Uno durante todos estos años ha pasado de largo de todos estos inconvenientes y burocráticos asuntos, que al fin y al cabo, siempre son necesarios para centrarse en el curso que sigue. Por mala gestión, ahora nos toca hacerlo todo junto. Ya no hay vuelta atrás.

Atrás quedan muchos recuerdos, recuerdos que nos acompañarán por el resto de nuestras vidas. Al recordarlos podemos notar cuánto hemos cambiado en estos años y cuánto hemos aprendido, de cómo todo lo vivido aquí ha contribuido a hacernos no sólo buenos estudiantes sino también cómo ha contribuido a que nos hagamos mejores personas. Algunos han encontrado entre los pasillos el amor, otros se han ganado el respeto de sus compañeros, pero definitivamente todos y cada uno de nosotros hemos dejado huella, no sólo en el Instituto, sino también en los demás.

Muchas anécdotas, por consiguiente también nos asolan y recordamos tantas horas sin profesor, o los cambios de hora. Las discusiones y peleas en clase, quedarán también como meros recuerdos sin olvidar nuestros errores. Tantos días del “Centro Guapo” vividos con intensidad e ilusión en el centro durante toda la semana cultural, ya sea repartiendo el material para los demás talleres, “construyendo” un reloj de Sol o haciendo volar unas cometas hechas con papel o bolsas de basura.

También recordamos a nuestros compañeros, ya sea por lo bueno o por lo malo; por los que siguen o por los que no han seguido. A mí me causa especial interés mostrar mi afecto a los que fueron mis compañeros en el CEIP Mayantigo, de los que me separé al venir al instituto, ya que a mí me correspondía ir al IES José Mª Pérez Pulido. Otros compañeros se han ido incorporando después, pareciendo que llevaban ahí de toda la vida. Es maravilloso. Otros casos más cercanos nos conmueven y nos llenan de tristeza como es el caso de una compañera de este año, que tuvo que abandonar el curso. Los que sabemos quién es, le brindamos todo nuestro apoyo; y especialmente desde este medio, y yo mismo, que le desea una pronta reincorporación a sus estudios, desde el momento en el que se sienta con las suficientes fuerzas y más para volver a intentarlo otra vez, y las veces que hagan falta. ¡Mucho ánimo!

Hay recuerdos en cada esquina de nuestro centro, recuerdos buenos, algunos no tanto, pero recuerdos que forman parte de nuestras vidas ahora.

No se puede dar un discurso de este tipo sin agradecer a algunos, de manera especial. Agradecer a todos los que han contribuido y han estado a nuestro lado apoyándonos en esta etapa de aprendizaje. A nuestras familias por su apoyo constante y su confianza en nosotros. De manera personal, aunque también sé que no soy el único que piensa así, espero que lo que hemos hecho hasta ahora los haga sentirse orgullosos. A nuestros amigos por sus consejos en los momentos de crisis. A nuestros profesores, en todas y cada una de sus variantes. Aquellos profesores pacientes preocupados por el aprendizaje de todos, gracias porque mientras íbamos haciéndonos más responsables e independientes nos dieron su apoyo; a aquellos profesores menos pacientes: gracias por forzarnos a crecer y madurar; a aquellos profesores totalmente exigentes: gracias por buscar obtener lo mejor de nosotros y enseñarnos lo que somos capaces de hacer. Ellos nos deben varias arrugas nuevas, varias canas, o incluso, algunos nos deben agradecer el ahorro en champú ahora que ya no tienen pelo por nuestra culpa. Y nosotros les debemos una formación integral, una formación de la que podemos sentirnos orgullosos. Porque es difícil, a veces, poder dirigirse a un profesor como un amigo, y sin embargo, aquí, junto a los compañeros de aula, podíamos contar con nuestros profesores.

Tal vez lo que estoy diciendo parezca algo sin importancia, pero yo puedo decir que esa cercanía entre alumnos y profesores ha hecho que este paso por el Instituto haya sido un poco más placentero de lo que pudo haber sido si sólo hubiésemos tenido clases tras clases. Y sí, es cierto, puede que haya habido discrepancias o problemas con algunos de ellos, pues no siempre estábamos de acuerdo con sus métodos, pero por algo estaban ellos de pie delante y nosotros sentados. Ellos han dado lo mejor de sí mismos y nos lo han entregado a nosotros. Hoy les atribuimos de esta manera: graduándonos. Es nuestra manera de decirles que su esfuerzo y sus ganas, no han sido por gusto, y aunque lo que voy a decir tal vez le quite el sueño a alguno de ellos, nosotros somos el producto de su esfuerzo.

A todos en general gracias por tener las puertas abiertas para nosotros, por dejarnos expresar nuestras inquietudes y recomendaciones y por su preocupación constante por la calidad de nuestra educación.

En fin, es inevitable recordar lo bueno y lo malo, aunque hayan pasado ya casi 6 años. Parece mentira, la verdad. A todos mis compañeros a lo largo de esta etapa des doy enormemente las gracias.

Invito a reflexionar a los que hoy nos graduamos sobre el gran reto que vamos a afrontar. No olvidemos que terminar el instituto es un paso importante pero es sólo el logro del primer peldaño.

Finalmente, sólo resta felicitar a cada uno de vosotros por haber llegado a la meta. Lo conseguimos, hoy nos graduamos.

Gracias, buenas noches.

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